Lo que más me gusta de correr en los cerros, es que en cada entrenamiento y competencia, he tenido el privilegio de subir cerros e ir a lugares fantásticos, la mayoría de las veces a pocos minutos de mi casa en Santiago... Cada vez que estoy en el cerro Conchalí (mi favorito), a 2.500 metros sobre el nivel del mar, viendo la ciudad apagada y ahogada a la distancia, la sensación de estar más vivo que nunca es indescriptible.
Y lo que más he aprendido de los desafíos deportivos, no es tanto el cumplir la meta, que si es gratificante, si no gozar el proceso, y entender la importancia de la planificación y la persistencia. Como en la vida de un emprendedor, hay momentos de fracaso, como cuando aparece una lesión (en mi caso una operación de meniscos, o una fractura en una vértebra...), pero si uno se vuelve a poner en marcha, ¡finalmente se logran los resultados planificados!
Espero poder seguir subiendo y corriendo en los cerros por muchos años más.


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